Miquel Gual

Presidente de la Cooperativa Agrícola Sant Bartomeu, Sóller

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Foto: J. Serra.

Mi aprecio por la Serra se la debo a unos abuelos excepcionales: uno campesino y marger, en Fornalutx; otro pescador, en el Puerto. Crecí entre bancales y olivares, en la montaña, y entre redes y historias de marineros, cerca de mar. Esto me ha marcado para siempre.

Hasta los seis años viví en la montaña, en la finca Sa Cabana, abajo del Puig Major, no bajaría a Sóller hasta que tuve que empezar primaria. ¡Fue un trauma! No sabía hablar castellano, no estaba acostumbrado a estar con otros niños, no me movía en mi hábitat natural.

El amor y el respeto por esta tierra ha estado muy presente en mi vida y lo llevo a lo que hago cada día. Soy presidente de las cooperativas San Bartomeu de Sóller y Camp Mallorquí: así considero que puedo devolver algo de todo lo que me ha dado la agricultura y el campo.

Creo que existe una falta de valoración del oficio de agricultor: la gente no valora el esfuerzo. En la Serra este esfuerzo es mayor: es un territorio que no se puede mecanizar y, por tanto, hacer rendir. O perdemos, o vendemos más caro, o abandonamos. Desde los años cincuenta predomina el abandono.

La Cooperativa de Sóller fue una pieza clave en el siglo XX para recuperar la vida agrícola del Valle, y lo sigue siendo. Tenemos la capacidad industrial de transformación de la materia prima, para hacer confituras y aceite, y envasar aceitunas. También distribuimos y defendemos el precio justo para el agricultor. La Cooperativa no es un fin, es un medio, para que el campesino viva dignamente.

Amo la Serra porque me gusta su paisaje, su gente, el olor de la tierra, el esfuerzo que se ha hecho para mejorar el entorno. La presencia humana ha mejorado el paisaje de la Serra, cuando normalmente nos lo cargamos! Es un ecosistema alucinante, se lo debemos a nuestros antepasados.